Revista Gaceta UAEH

Legado de acero y fuego


Por Naomi Torres, estudiante de la Licenciatura en Enseñanza de la Lengua Inglesa de la UAEH


Legado de acero y fuego

Como si fuera fiesta de pueblo, el aire se llenó de los gritos ensordecedores de mis compañeros, su emoción era contagiosa y el sonido de sus voces se propagó con el retumbar de los metales. Las máquinas cesaron y todos salieron de sus puestos ya que era momento de festejar el día que se expropió el petróleo, un evento que nos brindó a todos un espacio en la Refinería Miguel Hidalgo, la cual me dio grandes y bellos momentos, donde forjé amistades eternas, pero también me enseñó cuál era mi deber y aquello a lo que estaba destinado.



“El 18 de marzo se inauguró la Refinería "Miguel Hidalgo" construida en terrenos de los municipios de Tula y Atitalaquia en el estado de Hidalgo, con capacidad para procesar 150 mil barriles diarios”.



Es cierto que la historia del por qué soy un trabajador de Pemex es sin duda alguna un mar de coincidencias y oportunidades. Mi padre empezó a trabajar aquí porque estaba en una banda, tocaba el saxofón y era un gran músico. Uno de sus amigos de la agrupación lo convenció de trabajar en la petroquímica, lo cual no fue difícil porque siempre había sido una persona con una gran curiosidad. Un atributo que lo llevó a lugares que jamás imaginó.



Legado de acero y fuego 2

Al ver a todos celebrando sentí como poco a poco la nostalgia me inundaba, un recuerdo vívido de la relación que teníamos mi padre y yo llegó a mi mente. Debido a la enfermedad que enfrentaba, su visión se nubló y como era peligroso que manejara por las noches me pedía que lo llevara a su trabajo. Hubo noches en las que me quedé afuera de la planta esperándolo. Fue hasta un tiempo después, cuando ya no pudo más. Al jubilarse me propuso darme su plaza para seguir con su legado.

Si tan solo él estuviera aquí, estoy seguro de que estaría orgulloso de mi, de saber que pude convertirme en alguien en quien otros confían, ese alguien quien al concluir un trabajo de manera impecable se llena de orgullo porque eso demuestra su virtud y compromiso con el área a la cual pertenezco: soldadura.



“A lo largo de mi vida laboral me di cuenta que cualquier persona siempre es buena en algo, y de esa persona debes aprovechar y explotar su potencial, ya que todo es un aprender constante”



Este trabajo no es fácil aunque la gente crea que sí lo es. Cada varilla quemada, cada unión de metal que se fundió a la perfección, cada momento que pasé lejos de casa, cada regaño y tareas que parecían no tener un fin. Creí que todo eso me consumiría, pero mi familia y la calidez de mi hogar me recordaban a diario por qué tenía que seguir. No era solo yo, ahora contaba con una responsabilidad superior a mí y ellos me necesitaban.

Absorto en la nostalgia de mis recuerdos, un silbatazo se coló en mis memorias, lo que me trajo de vuelta al partido de fútbol que estaba viendo. Era algo excepcional, aquella rivalidad que perduraba entre los Petrocómicos y Refinería, la cual solamente se podía debatir con un balón en la cancha.

Mi equipo llevaba la ventaja, solamente faltaba un pase para ganar, pero algo sucedió, el té de manzanilla -no hace ni bien ni mal- se levantó e hizo lo imaginable, una chilena. Todos quedaron boquiabiertos, jamás había hecho algo así, ni siquiera él mismo sabía que fuera capaz de tal hazaña. Quizá era su última voluntad antes de jubilarse, a su manera era su forma de despedirse de ese lugar que lo vio crecer por más de cuatro décadas.



Legado de acero y fuego 3

Entre risas, tacos de suadero y cebollitas dulces, nos percatamos de lo mucho que había cambiado ese lugar, muchos de los que estábamos ahí vimos cómo cada administración hizo de las suyas y nos enfrentamos a ese cambio abrupto que fue pasar de trabajar en la petroquímica a la refinería. Era sorprendente todo lo que pasamos juntos, el hecho de que algunos se fueron comisionados a otras plantas, que conocimos a muchísimas personas y todo lo que aprendimos en el camino.

También entendimos que el mejor y más grande regalo que nos pudo ofrecer ese lugar fueron nuestros compañeros, esa pequeña familia que estuvo ahí de forma incondicional, a pesar de los malos momentos, de aquellas batallas silenciosas que solo pueden ser descifradas por quienes son cercanos a nosotros, así como los logros y los celos capaces de quebrar incluso hasta la amistad más cercana.

Esta historia nace de los recuerdos de un trabajador de Petróleos Mexicanos (PEMEX) que ha dedicado más de dos décadas a este oficio exigente. En su memoria converge el esfuerzo, el legado familiar y el sentido del deber.



Entre el metal y el fuego encontró su identidad, y en sus compañeros, una segunda familia. Su vida refleja el compromiso silencioso de quienes construyen su destino a través del trabajo.