Revista Gaceta UAEH

Cabareteras: Memoria de la doble moral mexicana


Por Denisse Eunice Santillán González, estudiante de la Maestría en Historia


Cabareteras: Memoria de la doble moral mexicana

Durante la primera mitad del siglo XX, el cabaret se estableció como manifestación cultural en México, siendo un espectáculo nocturno de origen francés, que presentaba variedades de las artes escénicas a un público adulto, que asistía para divertirse con funciones de música en vivo, baile, canto y actuaciones de diferentes artistas, al mismo tiempo que podía consumir bebidas alcohólicas. La participación de mujeres en el escenario, era el atractivo principal del cabaret; ellas eran las cabareteras, que bailaban, algunas otras cantaban y actuaban, aunque la belleza debía ser su atributo esencial. Entre los distintos estilos de cabareteras, había bailarinas exóticas, vedettes, rumberas, ficheras, dependiendo de las pautas del establecimiento.

En 1910 y 1920, en pleno curso de la Revolución Mexicana, el teatro de revista, principal precursor del cabaret, continuó sus funciones con un fuerte contenido político debido al contexto; los asistentes del teatro se componían, en gran medida, de guerrilleros y combatientes, tornándose en un público exclusivamente masculino, lo que impulsó el cambio a una atmósfera más erótica, las bailarinas lucían atavíos que revelaran más partes de su cuerpo en el escenario.

Posteriormente, en el año 1925, la compañía parisina de cabaret ‘Ba-ta-clán’ (o bataclán), llegó a la capital del país, con prendas femeninas más exiguas que lo habitual en México, dejando tras de sí un influjo tan fuerte, que surgió la versión mexicana del espectáculo, llamada ‘Mexican Rataplán’.

Por otro lado, la variopinta cantidad de centros nocturnos que existían ya en la década de 1930 en México, ofrecía diferentes esparcimientos, legales, y también ilegales, desde el baile y la ingesta de alcohol, hasta el trabajo sexual y actividades criminales, como la trata de personas.

Había cabareteras que se limitaban a hacer performance artístico, sin embargo, la negativa carga moral que conllevaba fluir en el espacio nocturno siendo mujer, las sentenciaba, identificándolas con la prostitución. En contraste, los hombres conformaban el público asiduo a estos lugares, y a ellos no se les cuestionaba tal hecho.

Lo dicho, ocurría a la par de una conmoción social generalizada, la idiosincrasia mexicana estaba cimentada por la moral religiosa y las reacciones adversas se apresuraron, los medios de comunicación se encargaron de establecer un vínculo: prostitución-vicio-crimen, que estigmatizaba a todo lo referente a la vida nocturna.

Ya entrado el periodo cardenista, entre 1934 y 1940, se implementaron campañas de higiene social, aboliendo la reglamentación del trabajo sexual, con el propósito de erradicar el lenocinio y el proxenetismo. Las enfermedades venéreas conformaban otro objetivo para el sector de la salud, junto con el alcoholismo; se clausuraron burdeles, prostíbulos, lupanares y casas de citas. El resultado fue, que aquellas calamidades se trasladaron al cabaret, que conservaba una condición legal.

Las cabareteras, significaron una transgresión a las normas de la época. El estigma social por expresar un erotismo diferente, recaía sobre ellas, la castidad les fue impuesta como virtud por la cultura, su sexualidad era aceptada en el terreno conyugal y con fines reproductivos, aquella divergencia lejana a dichos límites, haría emerger el repudio social. La expresión sexual libre, estaba reservada para el género masculino, privilegiado con el derecho a disfrutar de aquella vida nocturna sin ser juzgado. La doble moral, es la distinción en los valores de la conducta sexual por condición de género; se traduce en una sociedad desigual, en estado de confusión, que, por un lado, desea y consume el cuerpo femenino, y por otro, lo denigra por ser consumido.

Este concepto se refleja, igualmente, en el gran éxito que tuvo el cabaret, en la primera mitad del siglo XX, lo que Monsiváis proclamó como la ‘época de oro’ de la vida nocturna en México, al mismo tiempo que se condenó la sexualidad femenina; como en el caso de la célebre vedette, Yolanda Montes ‘Tongolele’, un ícono del cabaret, el cine y la cultura popular mexicana, quien fue duramente criticada por los sectores conservadores y religiosos, así como la prensa, que designó el término ‘tongolelismo’ para referirse a los males morales derivados de la vida nocturna.

Recomendación bibliográfica.

Cabañas, A. (2008). Representación y narrativas corporales de la mujer nocturna del cine mexicano, en el periodo 1931-1954. Ciudad de México: Universidad Autónoma de México (UNAM).

Medina 3, C. (1996). La vida nocturna en la Ciudad de México: Centros nocturnos, cabarets y burdeles 1935-1945. Ciudad de México: Universidad Autónoma de México (UNAM).

Pulido, G. (2014). El mapa "rojo" del pecado. Miedo y vida nocturna en la Ciudad de México 1940-1950. Ciudad de México: Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).