¿Cómo depender menos del petróleo?
Por Eva Becerril
Fotografía: Miguel Rosales y especiales
Uno de los combustibles fósiles más utilizados para vehículos y la elaboración de plásticos, detergentes, fibras sintéticas, fertilizantes, pesticidas, materiales para carreteras, suministros médicos, aceites para motores, parafinas, maquillaje, cremas y pastas de dientes, entre otros, es el petróleo. Sin embargo, con el paso del tiempo se han identificado los efectos ambientales asociados a su uso, lo que ha hecho visible la necesidad de reducir su dependencia mediante otras fuentes de energía.
César Abelardo González Ramírez, profesor investigador del Área Académica de Química del Instituto de Ciencias Básicas e Ingeniería (ICBI), de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), señala que el petróleo continúa siendo la base del sistema energético mundial, aunque la tendencia actual apunta a diversificar las fuentes y a buscar alternativas más limpias, soberanas y económicamente viables.
En transición energética
La historia de la energía ha transitado por distintas etapas: primero fue la leña, luego el carbón mineral, después el vapor, más tarde el petróleo y, en el siglo XX, la energía nuclear. En la actualidad, el mundo avanza hacia un modelo energético más diversificado que implica comprender la diferencia entre energía primaria y secundaria. La primaria proviene directamente de la naturaleza: el sol, el viento, el agua, el gas natural o el petróleo, aunque muchas veces requieren transformarse para poder utilizarse.
Por ejemplo, el petróleo se convierte en gasolina o gas LP; el sol y el viento se transforman en electricidad.
Energía solar: limpia, pero intermitente
La energía solar es una de las principales alternativas al petróleo, ya que aprovecha la radiación solar mediante paneles fotovoltaicos o calentadores solares. Entre sus ventajas destaca que no produce emisiones contaminantes durante su operación y puede instalarse tanto en viviendas como en industrias.
No obstante, presenta límites técnicos: su generación depende de la radiación solar disponible. En días nublados o durante la noche la producción disminuye o se detiene, por lo que puede requerir sistemas de almacenamiento, como baterías, o mantenerse conectada a la red eléctrica, para asegurar el suministro.
Energía eólica e hidroeléctrica
La energía eólica aprovecha la fuerza del viento para generar electricidad mediante aerogeneradores. Es una fuente limpia durante su operación, aunque depende de la velocidad del viento y de condiciones geográficas específicas. Por su parte, la energía hidroeléctrica utiliza la caída del agua en presas para mover turbinas, lo que permite producir grandes cantidades de electricidad, aunque requiere una infraestructura costosa y puede generar impactos ambientales.
Ambas reducen el uso de combustibles fósiles en la generación eléctrica, pero no sustituyen completamente al petróleo, que continúa siendo fundamental en el transporte y en la industria petroquímica.
El hidrógeno y las baterías de litio
César Abelardo González Ramírez, profesor investigador del Área Académica de Química del ICBI.
Uno de los principales desafíos de las energías alternas no es solo producir electricidad, sino almacenarla y liberarla gradualmente. En este contexto cobra relevancia el litio en las baterías y el hidrógeno como vector energético, es decir, un medio para almacenar y transportar energía.
De acuerdo con el especialista Garza, el hidrógeno puede producirse a partir del agua mediante electrólisis y utilizarse en celdas de combustible para generar electricidad, teniendo como única emisión directa el vapor de agua. En tanto, el litio no produce energía por sí mismo, pero resulta estratégico para almacenarla en baterías recargables utilizadas en dispositivos electrónicos, sistemas de respaldo y vehículos eléctricos.
Energía nuclear
González Ramírez explica que la fusión nuclear representa una de las apuestas científicas más ambiciosas a largo plazo. A diferencia de la fisión empleada en centrales nucleares, esta busca unir núcleos ligeros para liberar grandes cantidades de energía, replicando el proceso que ocurre en el Sol.
En teoría, este método produciría menos residuos radiactivos y ofrecería una fuente casi inagotable de energía, pero su desarrollo tecnológico aún se encuentra en fase experimental y su aplicación comercial podría tardar varias décadas en concretarse.
¿Es rentable instalar energías alternas?
Desde el ámbito doméstico la decisión de instalar paneles solares o sistemas híbridos debe analizarse con base en el consumo real y la capacidad de recuperación de la inversión. La transición energética no es únicamente tecnológica, sino también económica. Más allá de las grandes infraestructuras, una de las medidas más efectivas es el ahorro energético, pues reducir el consumo innecesario, apagar aparatos que no se utilizan y mejorar la eficiencia en hogares e industrias disminuye la demanda de combustibles fósiles.
Para cerrar, las energías alternas al petróleo representan una diversificación progresiva del sector energético. Por el momento no implican la desaparición inmediata del crudo, que seguirá presente en combustibles y en productos derivados como plásticos y medicamentos, pero sí una reducción paulatina de su protagonismo. En este contexto, la transición energética se configura como un proceso técnico, económico y social que exige innovación, planeación y responsabilidad colectiva.