Salud, desigualdad y política: cuidar la salud también es un acto político
Por Ciro Bladimir Tapia Mendoza1
Fotografía:
Son las 6 de la mañana. El sector salud ya está despierto y probablemente no durmió. Hay personas esperando. Estas personas no llegaron por exceso de precaución. Llegaron temprano porque la experiencia acumulada les hace recordar que hay que llegar temprano para que les toque ficha. La imagen que viene a la mente, amigas y amigos, es algo que en algún momento hemos conocido, escuchado, e incluso vivido.
No es una queja, ni una crítica, es un retrato social en donde la posibilidad de enfermarse no es una distribución equitativa, tampoco la posibilidad de sanar. Esa desigualdad es el resultado de estructuras construidas a través del tiempo. El sistema de salud en México no colapsó de golpe ni de forma instantánea, se fue fracturando conforme la historia avanzó y con enfermedades que afectaron al mismo sistema.
Buropatologías, en las que ayudó un cúmulo de comorbilidades -presupuesto insuficiente, ausencia de medicamentos en el cuadro básico- que poco a poco recurrieron a una enfermedad crónica dentro del mismo sector salud: el colapso.
Mientras eso ocurría, había quienes podían seguir siendo atendidos desde la medicina privada, pero para otros más no fue así. Pensar únicamente en la cuestión operativa y presupuestaria nos orienta a una mirada técnica, de gestión hospitalaria, que, si bien no es falsa, también debe ver sus implicaciones en las decisiones políticas. Las externalidades son actos que se reproducen en estructuras de poder. El acceso desigual a la atención médica es el resultado de una gestión de la escasez, a quién protegemos primero y a quién dejamos esperar. Y aunque la salud pública está garantizada dentro de lo formal en nuestra Constitución Política, hay mucho camino que recorrer en pro de la mejora colectiva.
Desde nuestro espacio, las Ciencias Sociales, y principalmente desde la Ciencia Política, es importante el análisis desde la cotidianidad.
Una enfermedad no tiene la misma cara en todas las personas. Alguien que vive en la periferia, urbana o rural tiene menor acceso a hospitales de alta especialidad, pero también tiene un menor acceso a diagnósticos tempranos, a información de alta calidad para cuidar su salud; la condición laboral también tiene implicaciones, pues tiene mayores probabilidades de trabajar en condiciones donde el sobreesfuerzo de sus capacidades los orillan al daño del cuerpo, a alimentarse con lo que puede pagar y no con lo que necesita, de utilizar frases como “luego se me pasa”, “es un dolor que me da seguido pero se quita rápido”, en los que únicamente las consultas médicas se posponen hasta que el problema es imposible de ignorar. Lo que lleva a un vicio más peligroso. El hecho de ser correctivos y no preventivos en el entorno de salud tiene más implicaciones de las esperadas.
Quien no previene, llega más enfermo al sistema, quien llega más enfermo, necesita intervenciones más complicadas, quien espera en el sistema se deteriora, y quien se deteriora tiene menor capacidad de seguir adelante.
Cuidar la salud también es un acto político, no en lo metafórico, en lo real y estricto. Lo es, porque exigir y recibir atención médica de calidad es un derecho constitucional, y toda exigencia de derechos es meramente política, porque informarse, prevenir, hacer chequeos cuando se tiene acceso a ellos es evitar que el sistema colapse con mayores afectaciones.
Procurar el bienestar propio, es un ejemplo de resistencia y que al mismo tiempo, son una válvula de alivio sobre un sistema en colapso. Amiga, amigo, te invito a priorizar tu salud, prevenir, atenderte en la manera de lo posible. Cuidar de ti y de quienes te rodean es proteger cuidar tu integridad, dignidad y derechos: eso es política desde su forma más noble.
¡Cuídate, para que nos sigamos leyendo pronto!
1Alumno del noveno semestre de la Licenciatura en Ciencia Política y Administración Pública de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo ta400214@uaeh.edu.mx