Adolescentes en el gimnasio ¿beneficio o moda?
Por: Yunué Montserrat González Cuevas, egresada de la Licenciatura en Nutrición de la UAEH- Creadora de NutriNautas®.
Fotografía: NutriNautas®.
Mi nombre es Yunué Montserrat González Cuevas, egresada de la Licenciatura en Nutrición por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH). Soy orgullosamente Garza y agradezco profundamente la oportunidad de tener este espacio en la Revista Gaceta UAEH, un lugar que para mí representa mucho más que escribir, la posibilidad de compartir, cuestionar y acercar la ciencia a la vida cotidiana.
Siempre me ha gustado comunicar. Hablar, escribir, enseñar… distintas formas de hacer que la información llegue y tenga sentido. Hace algunos años nació NutriNautas, un proyecto que surgió justo de esa necesidad: traducir la nutrición a un lenguaje más claro, más crítico y más cercano, sin perder el sustento científico.
Con el tiempo entendí que la mayoría de las personas no llega buscando solo una dieta, sino respuestas. Respuestas a un entorno lleno de estereotipos, de reglas contradictorias y de ideas que muchas veces no tienen fundamento. Algo que he notado que se repite constantemente es esta sensación de estar haciendo “lo correcto” sin realmente entender por qué. Es justo desde ahí que surgió el tema de este texto.
Durante los últimos años he observado un fenómeno cada vez más frecuente: adolescentes que se acercan al ejercicio motivados principalmente por alcanzar un tipo de cuerpo muy específico, casi siempre influenciado por lo que ven en redes sociales. Cuerpos definidos, musculosos, aparentemente “perfectos”; en esa búsqueda, el gimnasio suele convertirse en la primera opción.
Aquí es donde (desde mi perspectiva como profesional de la salud) empieza el conflicto. No porque el gimnasio sea malo, sino porque rara vez nos detenemos a pensar si es la mejor elección en esa etapa de la vida.
Muchos reducen la etapa adolescente a un periodo de cambios físicos, pero no es así, la adolescencia es, sobre todo, una etapa de construcción. El cerebro se encuentra en pleno desarrollo, particularmente la corteza prefrontal, que es la encargada de funciones como la toma de decisiones, la planificación, el control de impulsos y la memoria de trabajo. Dicho de otra forma, es la base de muchas de las habilidades que usamos para desenvolvernos en la vida diaria.
Y aquí les planteo la pregunta que me hice yo hace unos años cuando comencé esta investigación: ¿todas las formas de ejercicio estimulan estas capacidades de la misma manera? La respuesta, desde la evidencia, es no.
Se ha demostrado que los deportes de conjunto, como el básquetbol o el fútbol, implican mucho más que moverse. Obligan a pensar, a anticipar, a decidir en segundos, a adaptarse constantemente y a coordinarse con otras personas. Todo ocurre al mismo tiempo. No hay pausas largas ni repeticiones idénticas; cada jugada es distinta. Ese tipo de dinámica exige un nivel alto de procesamiento cognitivo. Las funciones ejecutivas están en juego todo el tiempo: la atención, la memoria de trabajo y la flexibilidad mental. Incluso la regulación emocional entra en escena, porque hay que aprender a manejar la frustración, la presión y el error.
Inversamente, el entrenamiento en gimnasio suele ser más estructurado. Se basa en repeticiones, en técnica, en progresión de cargas. Tiene beneficios claros a nivel físico, y bien llevado también puede aportar a la disciplina y la constancia. Pero, en términos generales, la demanda cognitiva es distinta. Antes de que este texto pueda ser interpretado de otra manera quiero expresar lo siguiente: aquí la cuestión no es que uno sea bueno y el otro malo; es una cuestión de estímulo.
Además, no podemos ignorar el contexto en el que muchos adolescentes llegan al gimnasio. En algunos casos, la motivación no viene de la salud, sino de la presión estética. Y eso abre la puerta a prácticas poco adecuadas: rutinas sin supervisión, expectativas irreales, e incluso el uso de suplementos sin la orientación necesaria.
Por otro lado, la participación en deportes de equipo se ha relacionado con beneficios que van más allá de lo físico: mejor autoestima, mayor bienestar emocional y menor riesgo de desarrollar problemas como ansiedad o depresión. También se fortalecen habilidades sociales que difícilmente se entrenan en otros entornos. Entonces, más que preguntarnos qué tipo de ejercicio es mejor, quizá la pregunta correcta sería:
¿Qué necesita una persona en determinada etapa de su vida?
En el caso de los adolescentes, todo apunta a que aquellas actividades que integran lo físico, lo cognitivo y lo social ofrecen un desarrollo más completo. Esto no significa que el gimnasio deba excluirse, sino que tal vez no debería ser el punto de partida. Hoy más que nunca, necesitamos aprender a cuestionar lo que vemos, incluso cuando parece normal. La salud no debería construirse a partir de tendencias, sino de la comprensión.
Si te interesa seguir explorando este tipo de temas, puedes encontrarme en NutriNautas, un espacio donde hablamos de nutrición, ejercicio y salud con un enfoque basado en evidencia, pero explicado de forma clara. Estamos en plataformas de streaming y en redes sociales, donde compartimos contenido pensado para entender mejor nuestro cuerpo y tomar decisiones más informadas.