Más juego, menos exclusión
Por Mauricio Consuelos Barrios, estudiante del Doctorado en Ciencias del Comportamiento Saludable del Instituto de Ciencias de la Salud (ICSa) de la UAEH
Fotografía: Especial
En México, cada vez más padres y madres de familia reciben un diagnóstico de autismo para sus hijos. La cosa es que, una vez que tienen el diagnóstico, la pregunta que surge es: "¿Y ahora qué hacemos?". Muchas veces, la respuesta no es tan clara.
Tener el diagnóstico es solo el primer paso, lo que realmente ayuda a un niño o niña con autismo son los tratamientos y apoyos que vienen después. El problema es que en México no hay suficientes, no son iguales para todos y muchas veces no se adaptan a lo que las familias necesitan o pueden pagar.
Aunque ya se habla más de autismo, la atención especializada no ha crecido al mismo ritmo. Esto quiere decir que muchas familias se encuentran con diagnósticos tardíos, no encuentran profesionales preparados, la asistencia particular suele ser muy cara y el sistema público de salud no ofrece muchas opciones.
Esto crea una distancia grande: sabemos más acerca del autismo, pero no estamos apoyando como se necesita. No contar con estas terapias no quiere decir que los niños y niñas no puedan desarrollarse, pero sí les quita la oportunidad de fortalecer habilidades sociales, de comunicación y emocionales en momentos importantes de su desarrollo.
No todos los tratamientos funcionan de la misma manera. Es clave que las estrategias se basen en evidencia y que se respete cómo cada infante con autismo aprende y se relaciona con el mundo.
Aquí es donde entra el juego, parece algo simple, pero diferentes estudios mencionan que jugar no es solo para divertirse, es una forma de aprender cosas muy complejas. Actualmente se ha demostrado que el juego bien dirigido puede ayudar a los niños con autismo, por ejemplo:
- Entender mejor las emociones.
- Desarrollar la empatía (pensar en lo que sienten otros).
- Ser más flexibles en su forma de pensar.
- Hacer amigos.
- Manejar mejor sus emociones.
En resumen, jugar no es una pérdida de tiempo, ¡es un entrenamiento para el cerebro social!
En nuestro país, las intervenciones basadas en el juego son muy pocas, aquellas que existen, casi siempre son por iniciativa de alguien, no por programas ya establecidos. Normalmente se usan aquellas que solo buscan cambiar el comportamiento o enfocarse en lo escolar, dejando de lado un desarrollo socioemocional profundo.
Además, en muchas escuelas no hay estrategias específicas para que los niños con autismo jueguen o interactúen con otras personas. Se les permite estar en el salón, pero se sienten aislados en el recreo.
Lo irónico es que el juego es algo muy nuestro dentro de la cultura. Es parte de nuestras familias, de las escuelas o de nuestra localidad. No se necesita gastar mucho en tecnología o materiales. Pero casi no lo usamos como una estrategia terapéutica.
Los tratamientos basados en el juego eterno buscan “hacer normales” a los niños ni forzar conductas. Buscan crear un ambiente seguro donde puedan practicar habilidades sociales y mentales de forma natural y divertida. Cuando un niño hace juego de roles, negocia, descifra emociones o usa su imaginación, está desarrollando habilidades fundamentales para su vida. Para los niños con autismo, estos espacios les ayudan a ensayar situaciones que se pueden presentar en su día a día, pero sin la presión del mundo real.
En un país donde los recursos son pocos, promocionar terapias basadas en el juego es una muy buena alternativa, que se acopla a nuestra cultura y está respaldada por la ciencia.
La falta de estas, es un reto para la salud pública y para que todos tengamos las mismas oportunidades. Invertir en programas de juego para la intervención temprana significa confiar en una inclusión de verdad. Representa la reducción de problemas emocionales, escolares y sociales en el futuro. Pero, sobre todo, significa reconocer que cada niño o niña con autismo merece más que un diagnóstico: merece oportunidades para desarrollarse plenamente.
Es por eso que, como parte de mis estudios de posgrado, en el Doctorado de Ciencias del Comportamiento Saludable, busco incorporar el juego como una herramienta terapéutica clave para atender estas deficiencias dentro de las intervenciones especializadas. Mediante estrategias estructuradas y basadas en evidencia, el juego se utilizará para mejorar el desarrollo socioemocional, la comunicación y la interacción social en niños con autismo. De esta forma, se busca ofrecer una atención más completa, accesible y adaptada a sus necesidades, complementando los enfoques tradicionales.
¡Jugar no es un lujo, es una herramienta clave de desarrollo que en México aún tenemos que aprender a usar mejor!