Cuando tener hijos deja de ser opción
Por Nelly Téllez Islas
Fotografía: Mariana Roldan Reyes y Gemini
Optar por no tener hijos no siempre es una decisión exclusivamente personal, sino que responde a un sistema económico, laboral y de cuidados deficiente. En México, la elección de muchas mujeres de no ser madres no está basada únicamente en el deseo personal o en la ideología, como ocurre en otros países, sino en la imposibilidad de empatar la maternidad con las exigencias sociales, si estas son poco favorables.
En este contexto, Anabel López Chávez, egresada de la Licenciatura en Sociología, así como de la Maestría y el Doctorado en Estudios de Población por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), explica cómo la composición social en México no despierta las ganas de querer ser madre, desde una perspectiva académica, y, a su vez, cómo esto impacta en las tasas de fecundidad y nacimientos.
Anabel López Chávez, egresada de la Licenciatura en Sociología, así como de la Maestría y el Doctorado en Estudios de Población por la UAEH.
Diferencias entre Europa y México en maternidad
La egresada Garza refirió que, en Europa, este comportamiento responde en mayor medida a una tendencia vinculada al movimiento No Mother, en el que muchas mujeres con alto nivel educativo deciden no tener hijos debido a un estilo de vida individualista, centrado en gastos, experiencias y viajes constantes, el cual no resulta compatible con la crianza de un infante. Incluso, la decisión también está ligada a los problemas ambientales existentes.
Sin embargo, en México, la situación es distinta, porque, si bien algunas mujeres de clases altas y urbanas adoptan esta perspectiva por razones similares, para el resto no es una elección voluntaria. La falta de apoyo gubernamental, la carencia de infraestructura adecuada de cuidados infantiles, las desigualdades salariales y la escasez de políticas laborales que favorezcan a las madres, obligan a las mujeres a priorizar su desarrollo profesional y económico.
En México, las condiciones sociales y económicas, así como la ausencia de un sistema de cuidados, hacen que las mujeres tomen la decisión de no ser madres.
Por si esto fuera poco, el sistema de salud mexicano no está diseñado para atender adecuadamente a las mujeres que deciden ser madres después de los 35 años, al considerarlo de alto riesgo. En contraste, en varios países europeos los embarazos tardíos están más normalizados y cuentan con el respaldo de políticas públicas que los acompañan y brindan mayor seguridad.
Disminución de la fecundidad y natalidad
Respecto a la tasa de fecundidad, explicó que comenzó a disminuir hacia finales del siglo pasado, especialmente entre las décadas de 1970 y 1990. Este proceso respondió a cambios en la legislación en materia de población, que impulsaron campañas de anticoncepción en todo el país. A partir de estas medidas, México se posicionó como pionero en planificación familiar, al reducir el promedio de entre 7 y 11 hijos por mujer a un promedio de 2.1 a 3.
Mantener estos niveles se consideraba estable, ya que en demografía corresponden al nivel de reemplazo poblacional; es decir, el necesario para que una población se mantenga sin disminuir ni aumentar de una generación a otra. No obstante, desde 2020 se registra un descenso por debajo de este umbral demográfico, ya que en las últimas décadas las mujeres están teniendo menos de dos hijos por pareja.
Las mujeres en México tienen entre 1.6 y 1.9 hijos por pareja, situando al país por debajo del nivel de reemplazo poblacional.
Condiciones laborales y caída de la natalidad en México
De esta manera, el cambio demográfico que se observa en México es consecuencia de un sistema que no ofrece condiciones adecuadas para favorecer la maternidad, y no únicamente del resultado de una ideología o de una decisión personal. La falta de políticas públicas laborales, de salud y sociales amigables con la familia está orillando a las mujeres a postergar o rechazar la maternidad.
Aunque algunos países ya padecen las consecuencias de la disminución de la tasa de fecundidad, mientras no se generen entornos adecuados para las madres y las familias, la tendencia de bajos nacimientos podría mantenerse e incluso aumentar, con efectos negativos a largo plazo en el desarrollo social, económico y en el equilibrio demográfico de los lugares afectados.