El trabajo de una madre en casa es el trabajo que sostiene todo lo demás
Por Ciro Bladimir Tapia Mendoza1
Fotografía: ChatGPT
Nuestro país goza de una cultura profundamente arraigada en la que las celebraciones siempre están a la orden del día. Sin embargo, existe un ritual genuino que une a las familias, las tradiciones y el afecto en torno a una figura especial: las madres.
A diferencia de otros países de América Latina -como Argentina, donde el Día de las Madres se celebra en octubre; Panamá, en diciembre; o Costa Rica, en agosto-, en México esta fecha se conmemora durante el mes de mayo. Por ello, desde Almuerzos Políticos hacemos un reconocimiento a través de estas líneas a todas las madres que nos leen y, también, a aquellas que no lo hacen pero sostienen día a día la vida de sus familias.
En la columna de este mes queremos enfocarnos en un tema que importa y que, estructuralmente, había quedado relegado por esa misma cultura de arraigo. Sí, hablamos del Día de las Madres, pero también de lo que ocurre el resto del año, cuando su participación deja de traducirse en políticas públicas, acceso equitativo a oportunidades o en algo tan básico como el descanso.
Dentro de la configuración familiar, existen muchas mujeres que son nombradas, o incluso se autonombran, bajo una sola categoría: “ama de casa”. Una clasificación que aparece en censos oficiales, encuestas laborales o formularios de ocupación, marcada apenas con una “palomita”, como si ahí terminara todo lo que implica.
Pareciera que administrar un hogar, encargarse de la crianza y el cuidado de hijas e hijos, atender a familiares y sostener la vida cotidiana fuera únicamente una condición doméstica. Durante mucho tiempo -y afortunadamente esto ha comenzado a transformarse- persistió la idea, expresada en frases mal planteadas, de que “un ama de casa no trabaja”. Por el contrario, considero que muchas veces realizan jornadas más extensas y demandantes que cualquier empleo formal. El amor y la dedicación con los que una madre cuida a quienes la rodean no deberían reducirse a una obligación asumida como natural o invisible.
La madre que “no trabaja” (coloquialmente llamada así, con una crueldad muchas veces inadvertida) es, en realidad, quien rara vez deja de hacerlo. Se levanta antes que nadie y suele dormir después de todas y todos; organiza la logística del hogar, la alimentación, la salud, la educación e incluso la contención emocional de la familia.
No tiene horario de entrada ni de salida; tampoco vacaciones. Mucho menos acumula semanas cotizadas ante el IMSS o una pensión derivada de ese esfuerzo que, en muchos casos, continúa durante la vejez debido a situaciones complejas, como el cuidado de hijas e hijos con alguna discapacidad o condición de vulnerabilidad. Las madres realizan todo esto no solo por instinto, sino por una convicción profundamente personal: el amor hacia su familia. Y aunque ese esfuerzo debería respaldarse desde las instituciones, también tendría que valorarse desde el núcleo más cercano: el hogar.
Sería interesante, y sin duda valdría la pena, celebrar a las madres desde otra óptica. Regalen flores, abracen a su madre, porque nunca se sabe en qué momento la vida puede cambiar. Pero también vale la pena hacerse una pregunta incómoda: ¿por qué no ayudar a aligerar la carga con pequeñas acciones cotidianas? Sé que, en medio de un mundo acelerado y lleno de responsabilidades, resulta complicado hacerlo todo al mismo tiempo. Sin embargo, comenzar con gestos simples marca una diferencia importante. Deja los reels cinco minutos y ve a tirar la basura, lava tu plato o, siempre que puedas, dale un abrazo.
Dedicado para ti, mamá. Gracias por creer en mí. Espero no haberte fallado.
¡Nos leemos pronto!
1Alumno del noveno semestre de la Licenciatura en Ciencia Política y Administración Pública de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, ta400214@uaeh.edu.mx