El álbum de estampas del mundial: la perspectiva del historiador
Por Ricardo Cervantes García
Ilustración ChatGPT
Nos encontramos en la antesala de uno de los fenómenos deportivos más importantes del mundo, la 23ª edición de la Copa Mundial dónde México será sede por tercera ocasión, convirtiéndose en el primer país en lograr está hazaña. Sin embargo, antes de la “patada inicial” para muchos entusiastas, la justa deportiva ha arrancado un poco antes y no precisamente en la cancha, sino en el coleccionismo de estampas. Esta dinámica no es solo un pasatiempo ligado a la infancia o una mera propaganda comercial, sino que ha escalado a convertirse en un lugar para la memoria, en el que, desde la perspectiva del pensamiento del historiador francés Pierre Nora, se percibe como un objeto menor, pero en el que su análisis lo revela como una herramienta para la historia cultural.
Nora nos dice que los lugares de memoria son espacios físicos o simbólicos en los que la comunidad deposita y actualiza su memoria colectiva cuando ya no existe una “memoria viva”, espontánea y orgánica, generando la necesidad de fijarla en lugares significativos (Nora, 1984), por ello, el álbum de estampas del mundial responde a esta necesidad, no solo siendo un objeto para el entretenimiento, sino un objeto que refleja los cambios sociales y tecnológicos de cada fiesta del balompié.
Cada estampa es en sí misma, una cápsula del tiempo en el que se ven reflejados valores estéticos como los son los peinados, uniformes, diseños gráficos de la tipología y la cultura visual de momentos específicos, los cuales podemos apreciar sin dificultad con solo realizar una comparativa entre el primer álbum que apareció en la edición de México 70 y el último, 56 años después.
Otro aspecto que resaltan son los cambios geopolíticos que se ven reflejados en los equipos de fútbol con la aparición y desaparición de naciones enteras; algunos ejemplos destacados son la Unión Soviética que tiene su primera participación en Suecia 58 y que participaría en seis mundiales más, para posteriormente debutar como Rusia en la edición de Estados Unidos 94; Yugoslavia jugó en el primer mundial de Uruguay en 1930 y derivado de su disolución nacerían Croacia, Serbia, Eslovenia, Bosnia y Herzegovina, Macedonia del Norte y Montenegro; durante la Guerra Fría, la República Federal Alemana (RFA) y la República Democrática Alemana (RDA) disputaron encuentros por separado, sin embargo solo la RFA logró levantar la copa tanto en 1974 y 1990 derrotando a Holanda y Argentina, respectivamente.
El álbum también es un gran refugio de la memoria episódica, ya que coleccionar está ligado a los recuerdos vívidos, esto debido a que en el caso mexicano, muchos iniciaron a recopilar estampas del mundial durante su infancia en el colegio, intercambiando jugadores a la hora del recreo. Esta acción fue la base para la construcción de comunidades activas que poco a poco fueron convirtiéndose en un ritual de cada cuatro años en donde miles de personas se coordinan para llevar a cabo el trueque, para el historiador británico Eric Hobsbawm esta tradición inventada es un ritual moderno en el que interactúan diferentes generaciones.
Su perspectiva, sobre el fútbol en el siglo XX, se podría describir como una forma moderna de identidad colectiva, dónde millones de personas imaginan su pertenencia al verse reflejados en once jugadores, quienes representan a una nación, muchas veces la gente siente a su nación con mayor intensidad durante los mundiales que en cualquier otro proceso político tradicional.
En su “La invención de la tradición” menciona que muchas de las tradiciones ancestrales en realidad son construcciones recientes deliberadas con fines políticos y sociales, donde resalta el fútbol y los torneos mundiales, las selecciones nacionales, los himnos, uniformes y rituales de los aficionados como cánticos, en fin, aquí también entra el álbum de estampas donde se muestra de manera sistemática a los jugadores con sus banderas, en perfecto orden y por países, haciendo de ellos pequeños íconos nacionales.
La idea de Hobsbawm culmina con el concepto del historiador irlandés Benedict Anderson en “Comunidades imaginadas: Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo” en la que menciona que la comunidad imaginada de millones de individuos pareciera más real bajo la forma de un equipo de once personas cuyo nombre conocemos (Anderson, 1993).
Una similitud que encontramos entre el coleccionismo y el oficio de historiar está en la acción de elegir, ordenar, completar y principalmente en el no olvidar. Podemos concluir que el álbum de estampas del mundial de fútbol es una alegoría para la memoria del tiempo presente, reflejado en un objeto que podría ser, en cierto modo, cotidiano o simple, pero si nuestro álbum lo abordamos desde la mirada histórica como un sitio para la memoria como lo hizo Nora, como una forma moderna de identidad colectiva y tradiciones inventadas cómo lo percibe Hobsbawm, desde la perspectiva de una representación de las comunidades imaginadas de Anderson, sin duda nuestro álbum se convierte en un complejo aparato donde se cuentan historias, la propia, la de una nación, la del fútbol y la del mundo.
Bibliografía:
- Anderson, B. (1993). Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. México: Fondo de Cultura Económica.
- Hobsbawm, E. (1990). Naciones y nacionalismo desde 1780. Barcelona: Crítica. Y (1983/2002) La invención de la tradición. Barcelona: Crítica.
- Nora, P. (1984/2008). Los lugares de la memoria. Montevideo: Ediciones Trilce