Revista Gaceta UAEH

Las bacterias y su mala fama


Por: Yunué Montserrat González Cuevas, egresada de la Licenciatura en Nutrición de la UAEH y creadora de NutriNautas®.


Las bacterias y su mala fama

Probablemente ya has escuchado o leído sobre este tema bastantes veces; sin embargo, sigue dando mucho de qué hablar porque no me vas a negar que, si menciono la palabra “bacteria”, lo primero que viene a tu mente es “enfermedad”, “infección” o “suciedad”. En esta publicación me gustaría cambiar un poco tu perspectiva sobre estos microorganismos, ya que, aunque no lo creas, gran parte de nuestra vida depende precisamente de ellos.

El cuerpo humano convive diariamente con billones de entes microscópicos; de hecho, somos el hogar de enormes comunidades de bacterias, virus y hongos que, en su mayoría, se albergan en el intestino. A este conjunto lo conocemos como microbiota. Lejos de ser simples huéspedes, estas comunidades intervienen en funciones esenciales para nuestro organismo. Algunas tienen la tarea de degradar componentes de los alimentos que no podríamos digerir por cuenta propia (especialmente ciertos tipos de fibra); de este proceso provienen gran parte de los ácidos grasos de cadena corta, los cuales son sustancias cruciales para la salud intestinal y metabólica.

Si te dijera que estos pequeños seres contribuyen al buen funcionamiento del sistema inmunológico, ¿qué dirías? Pues es una realidad: algunas cepas colaboran en la síntesis de ciertas vitaminas esenciales y, de hecho, gran parte de nuestras defensas aprenden a diferenciar entre aquello que representa una amenaza y lo que no, gracias al contacto constante con los microbios que habitan en nuestro cuerpo.

Como ya lo leíste, la realidad es mucho más profunda. Son organismos extraordinariamente diversos; si bien algunos son capaces de provocar enfermedades graves, otros son fundamentales para la vida. Por ello, reducirlos a “buenos” o “malos” sería tan simplista como intentar describir a todos los seres humanos con una sola característica. Aunque solemos asociarlas únicamente con padecimientos, las bacterias habitan prácticamente en todos los ambientes del planeta y desempeñan funciones muy distintas entre sí.

Un ejemplo que a mí me encanta es la Escherichia coli. Por lo regular, este nombre se relaciona con intoxicaciones alimentarias; sin embargo, pocos explican que existen muchísimos tipos de cepas de esta bacteria. Algunas, incluso, habitan normalmente en el intestino sin causar ningún daño; por el contrario, influyen en procesos muy importantes. El problema no es su presencia, sino el tipo de cepa del que estemos hablando y las condiciones que nosotros le brindemos para su desarrollo.

Algo bastante similar ocurre con la Helicobacter pylori. Esta bacteria es conocida por su amplia relación con la gastritis, las úlceras e, incluso, por el riesgo de cáncer de estómago en algunos casos. Lo que probablemente no es de conocimiento general es que la H. pylori puede habitar en el cuerpo humano durante años sin presentar síntomas evidentes. Esto, una vez más, nos recuerda que las enfermedades no dependen de un solo factor: la genética, la respuesta inmunológica, el ambiente y múltiples condiciones biológicas intervienen en el resultado final.

Yo sé que a la mayoría de la población nos gusta clasificar las cosas, entre ellas, darles la etiqueta de “bueno” o “malo” porque simplifica nuestra forma de entender el mundo. Lo hacemos con los alimentos, con las dietas, con los hábitos y con estos seres impresionantes.



En la ciencia, las respuestas suelen estar en los matices y no en los absolutos.


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Con esto nos queda claro que, al hablar de salud, no podemos recurrir a etiquetas simplistas. No todas las bacterias son enemigas y no todas las circunstancias son iguales; necesitamos comprender el contexto y el equilibrio que cada organismo requiere. Muchas de ellas posibilitan procesos que nuestro cuerpo, por sí solo, no podría realizar.

Vivimos en una época en la que queremos explicaciones rápidas y soluciones inmediatas; buscamos un único culpable o una causa central. No obstante, el cuerpo humano es el resultado de innumerables interacciones que ocurren al mismo tiempo. Pensar que todo se puede resumir en “qué es bueno y qué es malo” implica ignorar la verdadera naturaleza de la biología.

Tal vez las bacterias tienen esta mala fama porque solo las notamos cuando ocasionan un daño. Si las observamos con más atención, podemos descubrir que nos acompañan día a día y que, en muchas ocasiones, sin ellas no podríamos funcionar. Al igual que ocurre en muchos temas de nutrición y de otras ciencias de la salud, la respuesta no suele estar en los extremos, sino en el equilibrio.

Si te interesa seguir explorando este tipo de temas, puedes encontrarme en NutriNautas, un espacio donde hablamos de nutrición, ejercicio y salud con un enfoque basado en evidencia, pero explicado de forma clara. Estamos en plataformas de transmisión digital y en redes sociales, donde compartimos contenido pensado para entender mejor nuestro cuerpo y tomar decisiones más informadas.