Vivir mejor con menos medicinas: tomar el control de los tratamientos en la vejez
Por Yailet García Castillo, estudiante del Doctorado en Ciencias del Comportamiento Saludable del Instituto de Ciencias de la Salud (ICSa) de la UAEH
Fotografía: Gemini
En México y el mundo, muchas familias viven una realidad silenciosa: sus adultos mayores consumen demasiados medicamentos. A veces lo hacen sin supervisión médica o sin entender realmente para qué sirve cada fármaco. Este fenómeno, en el que se acumulan recetas para la presión, la diabetes o el dolor, se ha vuelto un reto urgente de salud pública que afecta directamente la calidad de vida de las personas mayores.
Aunque los tratamientos son vitales para controlar las enfermedades, con los años el cuerpo cambia: los riñones y el hígado trabajan más lento, por lo que los componentes activos permanecen más tiempo en el organismo, lo que provoca efectos adversos si no hay una supervisión adecuada. Para enfrentar esta situación, entre 2026 y 2029 desarrollaré un programa de intervención dirigido a este sector de la población en Hidalgo, como parte de mi formación en este posgrado.
El objetivo central es vigilar la seguridad de los tratamientos y abrir canales de comunicación directa entre los pacientes, sus familias y el personal de salud a través de herramientas digitales y educativas.
Este proyecto no busca simplemente retirar medicamentos, sino garantizar que cada uno tenga un propósito claro y un beneficio comprobado. Se trabajará de la mano con los médicos para brindarles recursos que mejoren la calidad de sus prescripciones, considerando siempre la experiencia y las necesidades reales de cada individuo. Asimismo, se educará al adulto mayor sobre cómo reportar a los especialistas acerca de los eventos adversos, llevar un registro diario de sus dosis, evitar la automedicación y utilizar de manera adecuada diversos materiales informativos.
Un problema frecuente es que los pacientes visitan a varios especialistas y cada uno receta por su cuenta. Sin una revisión integral, es fácil acumular tratamientos que se repiten o que generan interacciones negativas. No es raro ver a personas tomando hasta diez pastillas diarias, muchas de ellas innecesarias o incluso contrapuestas.
Para frenar esto, surge este programa que vigilará que la salud no dependa solo de una receta, sino de un entorno capacitado para cuidar y observar cada reacción. A veces, síntomas como mareos, caídas, confusión o falta de apetito se minimizan como "achaques de la edad"; sin embargo, suelen ser efectos secundarios de la polifarmacia. Esto crea un efecto de "bola de nieve": se prescribe un nuevo fármaco para aliviar un malestar provocado por el tratamiento anterior, lo cual complica aún más el panorama clínico.
Este proyecto también se enfoca en la "fragilidad", ese estado donde el cuerpo es más vulnerable y que empeora con la sobremedicación. Se busca que tanto el médico como el paciente sepan reportar a tiempo cualquier malestar inusual a través de los canales institucionales de farmacovigilancia. El corazón de esta iniciativa es la escucha y la vigilancia activa. A través de entrevistas, se busca entender por qué las personas toman ciertos remedios o qué miedos tienen; muchas veces, una dosis se consume por mera costumbre o falta de información. Al conocer sus historias, se pueden diseñar soluciones más humanas y efectivas.
La meta es que el adulto mayor recupere su autonomía. Queremos que los pacientes y sus familias dejen de ser espectadores y se conviertan en participantes activos de su propio cuidado y bienestar. Vivir mejor con menos medicamentos es posible si ponemos a la persona en el centro. Tomar el control no es desafiar al médico, sino aprender a preguntar y decidir en conjunto. Este camino busca un envejecimiento más seguro, donde cada decisión esté respaldada por información clara y un sólido acompañamiento familiar.