El estímulo a las vocaciones científicas en el Sistema Universitario Argentino. ¿Cómo despertar la curiosidad por la investigación en estudiantes de carreras profesionalizantes?
Matias Comito, Universidad Nacional de La Matanza1
Fotografía: Canva AI
Una de las principales preocupaciones que podemos encontrar en la gestión de las universidades nacionales en Argentina durante las últimas décadas se vincula con la promoción de las vocaciones científicas. Este hecho resulta consistente con dos factores esenciales cuyo diálogo parece haber alcanzado mayor profundidad de manera reciente. Por un lado, el sistema global ha puesto énfasis en la fertilidad que la producción de conocimiento innovador ostenta a la hora de dar respuesta a demandas sociales crecientemente complejas y diversificadas. Por otro lado, más allá de los conocidos vaivenes que ha tenido la mirada estratégica asociada al desarrollo argentino, distintas políticas nacionales y subnacionales del país han resaltado la importancia de promover la ciencia como un vehículo para favorecer la innovación.
Una de las tantas expresiones de política pública que podrían mencionarse en el marco de una búsqueda errática y fragmentada, pero continua, para incrementar la producción de conocimiento es, sin duda, la Ley de Educación Superior, sancionada en Argentina en 1995. A través de esta normativa, se instó a las instituciones de nivel superior a reconocer y formalizar la función de la investigación como un aspecto central que debía acompañar a la docencia y, junto a ella, a la extensión comunitaria.
De este modo, se esperaba que las comunidades universitarias se involucraran en la labor científica, aun cuando sus perfiles institucionales tuvieran mayor arraigo en la formación de profesionales, es decir, aunque tuvieran buena parte de sus recursos asignados a la impartición de clases. Este esfuerzo se realizaría junto a agencias especializadas, tales como el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) a nivel nacional, y otras dependencias que fueron creándose con posterioridad, como la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (Agencia I+D+i).
En este complejo tecnológico fueron desarrollándose políticas de fomento con diversos objetivos institucionales, misiones y visiones. En una primera etapa, la cual atravesaron tanto las agencias gubernamentales como las universidades, los instrumentos diseñados se abocaron a formalizar el ingreso a la carrera de aquellos profesionales que ya contaban con preparación y antecedentes para dedicarse exclusivamente a la investigación. Asimismo, se buscó facilitar la obtención de estipendios que permitieran a los alumnos de posgrado finalizar sus doctorados en un determinado plazo, al tiempo que participaban en equipos consolidados bajo la dirección de algún prestigioso y reconocido académico.
Con posterioridad, se crearon instrumentos para promover el ingreso de jóvenes estudiantes de grado a los laboratorios y centros de estudio en condición de becarios. A través de los apoyos económicos que el sistema nacional aportaba a las universidades, se instrumentalizaba una instancia financiada de participación temprana, la cual exigía compromisos de horarios y de productividad.
En paralelo, algunas casas de estudio diseñaron programas de becas para alumnos que aún no habían tenido contacto alguno con la investigación, razón por la cual no presentaban los antecedentes que el acceso a los apoyos nacionales solía considerar valiosos a la hora de evaluar a los postulantes. Este instrumento, que en la Universidad Nacional de La Matanza es conocido como la Beca de Investigación UNLaM, abrió la puerta de ingreso a cientos de jóvenes que querían realizar una primera experiencia en este rubro. Buena parte de ellos encontró la motivación para continuar en instancias posteriores, participando activamente en los proyectos a los que se habían incorporado a temprana edad.
De manera análoga han procedido otras instituciones de educación superior, guiadas por la preocupación de fomentar el quehacer científico en un país como Argentina, donde la mayor proporción del financiamiento a la innovación proviene del sector público. Sin embargo, al observar con detenimiento los resultados de las distintas convocatorias institucionales, subnacionales y nacionales, se advierte un detalle significativo para la gestión académica: los estudiantes de licenciaturas profesionalizantes participan en menor medida en comparación con aquellos cuya formación se alinea directamente con trayectorias teóricas.
Frente a ello, se plantea un interrogante en el espacio de la gestión para responder cómo hacer que los estudiantes de carreras profesionales, en particular del área de ciencias económicas, se involucren en los espacios de investigación y qué estrategias podrían emplearse para motivarlos. Todo esto surge bajo la hipótesis de que resulta razonable que quien cursa un programa puramente académico se encuentre, desde las primeras instancias formativas, en contacto con una representación específica y positiva que despierta su curiosidad. Pese a esta disparidad, la contribución que los expertos de las áreas económicas podrían generar en la producción de conocimiento innovador es notable. Por esta razón, el presente texto se propone echar luz sobre el tema y emprender un camino para explorar las políticas, actividades y estrategias que dos universidades nacionales argentinas están implementando con el fin de motivar el ingreso de dichos estudiantes a la investigación institucional.
Referencias bibliográficas:
Abal Medina, J. M.; Cao, H. (2025). Manual de Administración Pública Argentina: Nación, Provincias y Municipios. Universidad Nacional de Córdoba.
1 Licenciado en Comercio Internacional de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM). Actualmente, se despeña como becario de Entrenamiento CIC bajo la dirección del Doctor Alejandro Martínez y la codirección de la Magister Melina Levy. El presente trabajo se enmarca en el proyecto de investigación Decisiones en torno a políticas para la promoción y el fortalecimiento de vocaciones científicas en carreras de grado profesionalizantes del Departamento de Ciencias Económicas UNLaM.